GALICIA

Viajar a Galicia es apuesta segura. Aunque esta tierra suele asociarse con días de lluvia y mala mar lo cierto es que Galicia también es capaz de regalarnos días llenos de sol, de mar en calma y de temperaturas agradables. Su costa no es la tan explotada y cálida costa mediterránea pero a cambio podemos encontrar tranquilidad y sobre todo muy buenos alimentos. En verano nos permite huir de las grandes aglomeraciones y tal vez ésta sea la época perfecta para conocerla.

En Carretera y mantel decidimos que Galicia sería nuestra meta, pero hasta llegar al fin del mundo quedaban muchos kilómetros que no podiamos desaprovechar. Así pues, partiendo desde Zaragoza, ideamos una ruta circular basada en el deleite gastronómico y en el descanso.

Nuestro viaje de ida tenía una noche en Asturias y el de vuelta en León, no sin antes visitar lugares llenos de encanto como Puertas de Vidiago o Astorga. Casi 900 kilómetros nos separaban de nuestro destino final, Cambados, así que las paradas eran obligadas.

Partimos desde Zaragoza dirección Puertas de Vidiago, por la AP-68. 483 kilómetros de recorrido calculados para llegar a comer a un lugar que debería ser visita obligada en Asturias: la sidrería Casa Poli. Un espacio rústico, con varios comedores y un patio interior donde disfrutar de los platos típicos asturianos, elaborados artesanalmente con productos de gran calidad. Cuentan con una amplia carta que abarca desde la tradicional ensalada, surtido de curados o quesos, carnes, como un buen entrecot, hasta platos típicos y muy recomendables como las patatas al cabrales o el chorizo a la sidra, sin olvidar que hay que dejar hueco para saborear sus postres caseros. Todo ello en un entorno muy asturiano, en Puertas de Vidiago, un pequeño municipio a 14 kilómetros de Llanes, al que podremos acceder directamente desde la autovía siguiendo las indicaciones.

Una vez tomemos la carretera nacional N-634 llegaremos hasta Puertas de Vidiago donde tendremos que atravesar las vías del tren para entrar a la localidad. Encontrar Casa Poli no tiene complicación, además cuentan con un parking para estacionar nuestro vehículo. Un dato a tener en cuenta es que en Casa Poli no reservan, por lo que hay que estar atentos a su horario de apertura, las 13:30 de la tarde, para coger sitio.

Continuamos nuestro recorrido por Asturias para llegar hasta el lugar elegido para pernoctar antes de continuar hacia Cambados. Nos desviamos un poco de nuestra ruta pero merece la pena dar este pequeño rodeo para conocer La Tahona de Besnes, un pequeño municipio, reconvertido en centro de turismo rural, que con el paso de los años fue quedando abandonado hasta que sus actuales dueños decidieron emprender esta aventura convirtiéndolo en un núcleo de turismo, formado por numerosas casas rurales y un hotel rural. Situado en plena naturaleza, es perfecto para hacer una escapada y desconectar del bullicio de la ciudad.
Desde allí podemos visitar alguno de los pueblos de alrededor como el precioso municipio de Allés o Poo de Cabrales, donde encontraremos numerosas tiendas en las que adquirir el famoso queso de Cabrales. El precio de la estancia en este paraje peculiar, en temporada alta, son unos 85€ aproximadamente, habitación doble, por noche y desayuno incluído.

Tras nuestra estancia en la Tahona nos adentramos por fin en Galicia y lo hacemos por la puerta grande, visitando las conocidas Playas de las Catedrales. Cabe recordar que para poder visitarlas en temporada alta, de julio a septiembre y también en Semana Santa, debido a la gran afluencia de tursistas, se necesita un permiso gratuito que podéis adquirir aquí. Una playa que se extiende a lo largo de casi un kilómetro y medio, completamente llana, salpicada por enormes acantilados y rocas, nos invita a pasear por ella y a dejar que nuestros ojos se pierdan en el horizonte. Pero no hay que dejarse engañar, lo que parece una playa tranquila guarda un mar en ocasiones bravo y con zonas completamente prohibidas para el baño.

Una vez concluída la visita tenemos alrededor numerosas opciones donde poder comer  pero nosotros preferimos buscar un lugar tranquilo y seguir explorando. Así llegamos hasta Ribadeo, concretamente hasta el hotel-restaurante O Cabezo do Zacurro una buena elección.

Tras visitar esta maravilla de la naturaleza continuamos el viaje hasta llegar a nuestra «base de operaciones». Cambados tiene una situación perfecta que te permite disfrutar tanto de los alrededores como desplazarte hasta localizaciones algo más lejanas como Finisterre. Es una zona tranquila, con mucho encanto y próxima a lugares que no hay que perderse si visitas Galicia. Casa A Pastora era nuestro destino. Un hotel de turismo rural cuidadosamente decorado, impecablemente limpio, con amplias habitaciones, poco bullicioso y lleno de paz. Nila y Sonia son las anfitrionas que hacen que te sientas como en casa con su cercanía, amabilidad, educación y siempre pendientes de que no te falte de nada.

Junto al alojamiento, con su desayuno contundente incluído, Casa A Pastora nos sorprende con su buen hacer en la cocina, ofreciendo a todos los huéspedes la posibilidad de cenar en el hotel por 15€. Los productos son artesanos, la mayoría de su propia huerta, y el marisco y el pescado del mismo día. El menú incluye un primer plato, un pescado y un postre. Inolvidables las zamburiñas, si tenéis ocasión de probarlas, simplemente impresionantes. Casa A Pastora refleja la amabilidad y cercanía gallega y su éxito radica en el esfuerzo y buen hacer de sus anfitrionas. La verdad es que pocos lugares hay que ofrezcan tanto por tan poco.

Cambados es un paraíso desconocido donde encontramos lugares tan pintorescos como la Torre de San Sadurniño, a la que llegaremos cruzando un estrecho puente. Junto a ella, una pequeña orilla de agua cristalina con vistas a la localidad o al mar, según nuestra elección. Imposible no visitar la iglesia de Santa Mariña Dozo, o lo que queda de ella, construída sobre una ermita del siglo XII y que esconde un montón de curiosidades como una runa celta tallada en uno de sus sillares.

Merece la pena invertir un día en visitar esta localidad, pasear por sus calles y llegar hasta el casco antiguo en el que encontraremos un sinfín de bares donde degustar el buen marisco gallego con un vino de la zona o bien probar alguna ración típica como el pulpo a feira, que podéis ver en la fotografía. Si se visita en verano, qué decir tiene que comer en cualquiera de las terrazas de este casco antiguo es un extra. Para los amantes de los licores de sobremesa visita obligada a las pequeñas tiendas con productos artesanales y con una gran variedad de orujos, desde el típico licor de hierbas hasta la crema de orujo de chocolate y cereza.

Como decía, la decisión de alojarnos en Cambados parte básicamente de su situación. Desde allí se pueden visitar otros lugares emblemáticos como O Grove, donde existe la posibilidad de conocer un poco más el mundo del mejillón gracias a las diferentes empresas que hacen excursiones en barco por la Ría de Arousa hasta las diferentes bateas. Muy cerquita de O Grove se encuentra San Vicente Do Mar, una pequeña localidad con un mítico y curioso bar: El Naútico. Increíble lugar para los amantes de la música donde disfrutar de conciertos al aire libre y en la orilla del mar; son muchos los artistas que se dejan caer por allí como Iván Ferreiro, Xoel López o Leiva. Cuenta con un ambiente distendido y se aleja de la típica sala de conciertos e incluso del típico bar. Una buena opción para terminar el día.

En todo viaje existen lugares que no puedes perderte bajo ningún concepto y en Galicia esos lugares imprescindibles son la ya mencionada playa de las Catedrales junto con Santiago de Compostela, Finisterre y las Islas Cies.

Las Islas Cies son un Parque Nacional Marítimo-Terrestre de increible belleza e incalculable valor, por eso, a pesar del turismo, se intenta conservar y cuidar al máximo. Están situadas en el Atlántico frente a la ría de Vigo, por lo que sólo se puede llegar hasta allí en barco. El precio del billete ronda los 18€ ida y vuelta, y debido a ese afán de conservación el número de visitas por día está acotado, por lo que es conveniente reservar plaza por Internet, teniendo en cuenta que antes de embarcar tendremos que imprimir nuestro billete en las taquillas de la correspondiente naviera.

Podemos elegir el puerto de salida que más nos convenga teniendo en cuenta también los horarios pues no todos los días y desde todos los puertos salen barcos hacia las islas; en nuestro caso decidimos salir desde Vigo. En las Cies no hay hoteles ni casas de turismo rural, la única posibilidad de alojamiento es mediante camping, que cuenta con aseos, supermercado y bares. La visita a Cies no es solo arena y mar, también hay numerosas rutas que recorren la isla, como la ruta del faro,  y desde ellas podemos acceder a las diferentes playas. Los senderos están bien señalizados y preparados para la afluencia de turismo por lo que nuestra única preocupación sera disfrutar del paisaje.

Volvemos a puerto para visitar una ciudad emblemática, no solo por su capitalidad sino también por su valor histórico: Santiago de Compostela. Ciudad mística, cuna de peregrinaciones, meta de caminantes, devoción y emoción. Un día para recorrer su casco histórico, para perderse por sus calles y visitar su histórica catedral cuya magestuosidad se ve acentuada por la magnitud de la Plaza del Obradoiro.

La visita a la Catedral es gratuita, pero es importante no coincidir con el horario de eucaristías puesto que tendremos que esperar a su finalización para poder entrar. El Pórtico de la Gloria nos recuerda la naturaleza primitiva de este templo: una iglesia de planta de cruz latina, románica y de peregrinación, cuyas posteriores modificaciones fueron coronadas con su fachada oeste de estilo barroco, la más impresionante y la que observamos desde la Plaza del Obradoiro.Santiago es lugar de acogida y para sentir la hospitalidad de sus gentes no hay mejor lugar que su Mercado de Abastos, situado en la Calle Ameás al que podemos llegar perfectamente caminando desde la Catedral. No es un mercado cualquiera, su arquitectura no deja indiferente a nadie y perderse entre sus puestos te hace viajar en el tiempo.

Aquí se puede comer el mejor pulpo de la ciudad, preparado al instante, pero no sólo eso, pues el mercado tiene muchas sorpresas esperándonos;  podemos comprar nuestra propia comida y cocinarla en los puestos preparados para ello. En la vinoteca podremos disfrutar de una buena botella de vino y para poner la guinda de nuestro menú nada mejor que acercarnos a los puestos donde podremos comprar nuestro postre casero. Es una grata experiencia, diferente a lo habitual y que fomenta la conviencia entre ciudadanos. Prima la artesanía y rescata la esencia de los mercados que no es otra que la oferta del producto fresco y de calidad.

Nuestra última visita gallega la realizamos a Finisterre, desde Santiago de Compostela. 84 kilómetros y casi una hora y media nos separan del fin del mundo. Merece la pena visitar este cabo tan emblemático. Hasta allí se desplazan cientos de peregrinos que una vez llegados a Santiago deciden continuar hasta este lugar tan simbólico. Allí queman o depositan sus pertenencias, todo un ritual. Impresionantes vistas desde el faro, rodeado de mar sobre el que en ocasiones se deposita una densa niebla dando la sensación de estar en un lugar sobre las nubes. Sobrecogedora inmensidad donde el mar se pierde en el horizonte haciéndonos sentir muy pequeños.

Partimos de estas tierras y volvemos a nuestro punto de partida de forma circular como ya indicamos al inicio. Nuestra primera parada es Astorga, donde nos olvidamos del marisco gallego y empezamos a tomar contacto con los manjares leoneses. Allí podemos visitar La Catedral de Astorga, de la que hay detalles desde el siglo III y en la que destaca su riqueza arquitectónica. En ella encontramos también el Museo Catedralicio.

A unos metros de ella se encuentra el Palacio Episcopal proyectado por el arquitecto modernista Antonio Gaudí, por lo que también recibe el nombre de Palacio de Gaudí. De estilo neogótico supone así una revisión del gótico, concebido como un palacio en el exterior, rodeado de su correspondiente foso, y como una iglesia en su interior. En el sótano de este palacio encontramos el Museo de los Caminos, interesante por el valor de las obras arquitecónicas e históricas que guarda. El precio de la visita conjunta tanto a la catedral como al palacio es de 5€.

Astorga no sólo es arte y para iniciarnos en la comida leonesa qué mejor que visitar el mítico hotel Ciudad Astorga. Allí podemos comer en sus distintos restaurantes, en su patio interior o en el bar, de raciones o menú, todo de gran calidad. Se trata de un antiguo palacete art nouveau situado a unos metros del Palacio Gaudí. La decoración se ha mantenido acorde a su estilo arquitectónico y junto con la amabilidad de su servicio hacen de él un lugar curioso y muy recomendable para comer en la ciudad.

Continuamos nuestro viaje dirección León, pero antes nos desviamos hacia un pueblecito que está a 7 kilómetros de Astorga. Se trata de Castrillo de los Polvazares, una pequeña localidad declarada Conjunto Histórico-Artístico que mantiene su aspecto original del siglo XVI y cuyas casas de piedra franquean La Ruta de la Plata. Merece la pena perderse por sus rincones y recorrer su vía. El acceso se realiza a pie y en la entrada del pequeño pueblecito encontraremos un parking gratuito donde podremos estacionar nuestro vehículo.

Dejamos atrás Castrillo de los Polvazares y llegamos a León,  bien por la carretera nacional o por la AP-68. Tan solo son 57 kilómetros los que separan estas dos localidades. Una vez en la capital nos alojaríamos en el Hotel Q!H SPA, en el centro de la ciudad y, lo más importante, con vistas a la catedral. Queda cerca de la zona de tapeo, conocida como El Barrio Húmedo, por lo que lo ideal es pasear por sus calles e ir descubriendo la variedad de bares que nos ofrecen una amplia oferta de tapas.

Si se busca tranquilidad aconsejo no alojarse en un hotel en pleno Barrio Húmedo, pues, a pesar de la comodidad que ello supone, se trata de una zona bastante bulliciosa. Como he dicho la variedad gastronómica de León es amplia y por ello no merece la pena quedarse en un único bar o restaurante. En León es típico que con cada consumición puedas elegir entre varias tapas por lo que la relación calidad-variedad-precio es muy buena. La gastronomía junto con el ambiente hacen que tapear por León sea algo divertido y único y si a esto añadimos la iluminación nocturna de los edificios más emblemáticos de la ciudad, nuestra visita termina siendo algo inolvidable y que te deja con ganas de repetir.

Sin duda visitar Galicia esconde gratas sorpresas. Es un viaje largo pero cada kilómetro recorrido es un auténtico placer para los sentidos.

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