francia: costa oeste

En Carretera & Mantel cruzamos los Pirineos para recorrer un trocito de nuestro país vecino: Francia. Iniciaremos nuestro recorrido desde Biarritz, al sur del país, para llegar hasta Moint Saint Michael, en la región de Normandía. Una escapada de siete días que no te puedes perder.

Pero ntes de cruzar los Pirineos te recomiendo una primera parada en Fuenterrabía/Hondarribia. Un colorido pueblo del País Vasco conocido no solo por su belleza sino también por sus impresionantes tapas. Lo ideal es que vengas de donde vengas llegues a esta localidad a la hora de comer y así puedes aprovechar para hacer un alto en el camino que merezca la pena.

Una vez avituallados continuaremos nuestro rumbo hacia Biarritz, Francia. Esta ciudad seguramente merece la pena ser visitada en más de una jornada (y no en agosto) para poder descubrir todos sus rincones, pero nosotros pasaremos tan solo una tarde en la que veremos su emblemático casino, recorreremos sus playas hasta llegar a la Rocher de la Vierge -una original roca con forma de casco de barco coronada por la Virgen- y visitaremos su puerto antiguo desde el que tendrás una perspectiva diferente de la iglesia de San José. Si no te apetece caminar también puedes extender la toalla en la arena o sentarte en el mirador y contemplar cómo la gente hace surf (o lo intenta) ante las majestuosas olas que bañan la orilla.

Para continuar nuestro viaje dejaremos Biarritz y nos dirigiremos dirección Bayona por la A-63. En media hora aproximadamente llegaremos a nuestra siguiente parada: Capbreton. Esta localidad pertenece al departamento de las Landas. Es una zona costera turística en la que pasaremos nuestra primera noche antes de continuar hacia el norte. Se caracteriza por su inmensa playa de arena fina y su paseo marítimo en el que encontrarás diversos restaurantes donde poder cenar. Desde la playa, además, se puede disfrutar de unos atardeceres preciosos así que no desaproveches la oportunidad para ver uno de ellos. Para alojarte te recomiendo el hotel Porto Rico, situado a escasos metros del paseo marítimo y cuya realción calidad-precio es bastante buena.

Una vez desayunemos y hayamos cogido fuerzas continuaremos nuestra ruta hacia Azay le Rideau, nuestra siguiente parada a unas 4 horas de Capbreton. Para llegar hasta esta idílica localidad os recomiendo que hagáis una parada para comer en cualquier vía de descanso que encontraréis en la autopista (algo muy común en Francia como comprobaréis) y también que os arméis de paciencia cuando lleguéis a Burdeos. Si no habéis oído hablar de sus atascos en este viaje los conoceréis de primera mano. Lo dicho. Paciencia. Y es que lo bueno se va a hacer esperar.


Azay es uno de los pueblos que pertenecen a la zona del Loira, conocidísima por sus castillos. Esta localidad se encuentra bañada por el río Indre y aunque su gran reclamo es su castillo el pueblecito en sí es una auténtica maravilla. Sus calles están decoradas con flores, se respira una gran tranquilidad (dejando a un lado el turismo) y es una mezcla perfecta entre lo bucólico y lo bohemio.

Si del castillo hablamos hay que definirlo como una pequeña joya, por algo atrae a tantos turistas. Se encuentra construido sobre una pequeña isla rodeada por el río Indre. Data del siglo XVI y merece la pena tanto visitar su interior (completamente decorado y amueblado) como pasear por sus jardines, sobre todo al anochecer. Se trata de una de las obras arquitectónias más hermosas del Renacimiento del Valle del Loira. En la visita podéis conocer todos los rincones del mismo y su espectacular armazón de madera sobre el que se asienta el tejado. El precio de la entrada son 10€ que merece la pena pagar.

En este pequeño paraiso nos quedaremos dos noches para así poder visitar los castillos y otros enclaves que se encuentran relativamente cerca de esta localidad. Os recomiendo que paséis vuestra estancia en el Hotel Biencourt, nada más y nada menos que en las antiguas escuelas del pueblo. Un pequeño hotel con muchísimo encanto, situado a unos metros del castillo, en una de las calles peatonales y con un desayuno por 11€ que no te puedes perder (te recomiendo madrugar). El trato amable y atento de sus propietarios hará que te sientas como en casa. Los precios para una habitación doble oscilan entre los 74 y los 128 € según la temporada.

Para comer en Azay os recomiendo un par de sitios. El primero se encuentra junto a la iglesia de Saint Symphorien, en la plaza Gambetta, Bar des Halles. Un restaurante de cocina francesa con la típica fórmula llamada Plat du Jour, que encontraréis en muchos sitios, y que suele ser lo que conocemos nosotros como menú. El precio se encuentra entre los 8 y los 13€ según queramos completar nuestro menú. Ensaladas, carnes cocinadas al estilo francés y sobre todo un buen café gourmand podéis encontrar en este pequeño local con vistas a la ya mencionada iglesia.

Otra opción en la misma calle que el hotel y a las puertas del recinto del castillo es el restaurante Cote Cour. También un buen lugar para desayunar o tomar un café. Aquí los precios son algo más elevados, entre los 19 y los 32€ pero el local tiene muchísimo encanto y muy buena cocina.Por último para los amantes de la carne os recomiendo que no dejéis de visitar Au bon vin de Touraine, en la calle Blazac nº 4. Podéis probar desde un buen entrecot hasta el surtido de carnes, producto local, de calidad y buena cantidad.

Después de estrenaros en la ruta de los castillos con Azay, conoceremos uno de los más impresionantes castillos del Loira: Chambord. Situado en una reserva de caza y datado del siglo XVI nos encontramos ante el mayor de los catillos del Valle del Loira y ante el mayor parque cercado de toda Europa. Para conocerlo nos separa una hora y cuarto aproximadamente en coche. Una vez lleguemos, tomando la A-11 dirección Blois, tendremos que estacionar nuestro vehículo en el parking. El precio entre los 4 y 10 € según la temporada. Desde el parking tendremos que caminar un poco hasta recoger nuestra entrada, cuyo precio son 11€, y en el trayecto, hasta que por fin conozcamos el castillo, nos encontraremos con unos cuantos restaurantes y sobre todo con puestos de producto local de los que no os podéis ir sin comprar alguno de sus quesos ¡Una auténtica delicia!

Una vez en el interior del castillo descubriréis que sus estancias se encuentran también completamente amuebladas y que además suele albergar alguna que otra exposición interesante. Aunque parezca un lugar de residencia lo cierto es que el rey Francisco I tan solo se alojó allí 72 días a lo largo de su vida. Seguro que os llama la atención su escalera de doble hélice sobre la que en realidad se construyó el castillo. Una curiosa obra arquitectónica completamente simétrica donde una persona puede subir y otra bajar sin cruzarse. Cuenta la leyenda que el encargado de diseñarla fue Leonardo Da Vinci… ¿Quién sabe?

Cuando lleguéis a la azotea del castillo podréis observar no solo sus magníficos torreones sino también sus inmensos jardines que se pierden en el horizonte. Os invito que antes de marcharos paseéis por ellos, bien a pie o bien en los carritos de golf que se pueden alquilar para que nos cunda más el paseo.

En ese mismo día también podéis visitar Blois. Desde Chambord, volviendo sobre nuestros pasos, se encuentra a penas a 20 minutos tomando la D-33. El río Loira atraviesa esta ciudad en la que hay que destacar su palacio renacentista, datado del siglo X y declarado Patrimonio de la Humanidad en el año 2000. En él se encuentra una extraordinaria colección de obras y mobiliario con los que se ofrece un recorrido por la historia de Francia puesto que por este enclave pasaron nada más y nada menos que 7 reyes y 10 reinas de Francia y fue el lugar donde Juana de Arco fue bendecida. Para acceder a él tendrás que ascender hasta el cerro sobre el que se asienta recorriendo parte del casco antiguo de la ciudad y una vez llegues hasta arriba tendrás unas magníficas vistas de la ciudad. Arquitectónicamente destaca su escalera de caracol y su perfecta mezcla de estilos.

También en ese mismo día, y para finalizar la jornada, de vuelta a Azay podéis visitar el inigualable castillo de Chenonceau, del siglo XVI. Desde Blois lo separan a penas 48 minutos que discurrirán por una carretera que nos ofrece un hermoso paisaje de la Francia más rural. En este castillo disponemos de aparcamiento gratuito. Una vez estacionados llegaremos a un paseo flanqueado por esbeltos árboles que nos conducen hasta la galería de las cúpulas, un espacio más abierto donde encontraremos los diversos servicios que ofrece el castillo y una recreación de un antiguo hospital. Continuaremos hasta la explanada que precede la entrada al castillo en la que se encuentra la torre de los Marques.

Una vez en el interior del edificio visitaremos cada una de las estancias, que como viene siendo habitual, se encuentran completamente amuebladas. Sin duda hay que destacar la galería sobre el puente, de 60 metros de largo y que suelen albergar exposiciones; las cocinas, instaladas en los basamentos asentadas en el lecho del río Cher, todo un espectáculo y también el aposento de Luisa de Lorena, completamente pintado de negro.

Una vez visitado todo el edificio merece la pena darse un paseo por los jardines, perderse por el laberinto e incluso alquilar una de las barquitas que recorren el foso hasta llegar al río Cher por el que puedes navegar. Tampoco hay que olvidarse de visitar la galería de los carruajes, la granja del siglo XVI que cuenta con diversos animales ni el vergel de las flores. El precio que has de pagar para disfrutar de todo esto serán 13€.

Regresaremos a Azay le Rideau para hacer noche antes de emprender camino hacia nuestro punto más septentrional. Nuestra próxima para será el municipio de Pontorson, a 9 escasos kilómetros de Moint Saint Michael. Para llegar hasta él nos esperan tres largas horas conduciendo que podemos realizar por autovía o bien por carreteras nacionales en las que iremos atravesando diferentes pueblos y ciudades. En esta localidad fundada en el siglo XII pasaremos una única noche.

Para ello recomendamos el hotel Villa Mons, una villa del siglo XVII en el centro de la localidad. Es un lugar completamente acogedor y  sus dueños, Tomoko y Damien, son unos grandes anfitriones. Recomiendo desayunar en el hotel y sobre todo no olvidéis unas chanclas o zapatillas de estar por casa ya que está prohibido estar dentro de la casa con el calzado de la calle (costumbre japonesa). Si se os olvidan Tomoko y Damien tienen una gran oferta de números y colores. El precio por alojarse en esta peculiar casa es aproximadamente 98€ por noche, desayuno incluído.

Lo que nos ha llevado tan al norte no es otra cosa que la imprescindible visita a Moint Saint Michael. Si todavía no sabes de qué te hablo empezaré diciéndote que se trata de una isla que pertenece a la región de Normandía. Los monjes de la Edad Media se instalaron en este enclave marítimo que se caracteriza por ser el teatro de las mayores mareas de Europa continental ¡Todo un espectáculo! Nuestra visita pretende recorrer todos los rincones tanto intramuros como extramuros de este enclave y culmina con la visita de la abadía, en el punto más alto. Desde allí podréis observar la impresionante bahía de Saint Michael y si seguís los horarios de las mareas incluso podréis ver el movimiento de las mismas.

Para llegar hasta allí desde Pontorson tan solo hay que seguir las indicaciones  y en unos 9 kilómetros habréis llegado al destino. Tendréis que estacionar vuestro vehículo en el parking situado antes de llegar a la bahía; el precio son 12€ pero a partir de las 7 de la tarde es gratuito. Desde allí unas lanzaderas os llevarán hasta la explanada de Moint Saint Michael o también podéis llegar hasta ella caminando. Mi recomendación es que visitéis la abadía al atardecer, no solo por la belleza del paisaje sino también porque por la noche hay en el interior un pequeño espectáculo de luces y sonidos. El precio de la entrada para visitar la abadía, ya que la visita al recinto amurallado (que cuenta con hoteles, tiendas, restaurantes…) es gratuita, son 10€.

Muy cerquita de Saint Michael se encuentra el cementerio de guerra alemán Huisnes Sur Mer Ossuary, donde descansan 12.000 soldados. Su arquitectura es sobrecogedora pero sobre todo es un lugar que invita a la reflexión y que no te dejará indiferente. Curiosamente desde su mirador también puedes observar a lo lejos la silueta de Moint Saint Michael. Para llegar hasta él basta con seguir las indicaciones que aparecen camino al parking de Moint Saint Michael, se encuentra a unos 5 minutos del mismo y el cementerio cuenta con parking gratuito.

Desde este punto comenzaremos a descender de vuelta a España, no sin antes visitar unas cuantas ciudades que por diferentes motivos no pudes dejar pasar.

Nuestra siguiente parada es la ciudad de Potiers, a unas 4 horas de Pontorson. Es una localidad con un ambiente muy universitario y donde encontramos grandes ejemplos de arte románico. Sus calles son sinuosas y recuerdan a la Francia del XIX. Cabe destacar la iglesia de Notre Dame La Grande, la catedral San Pedro, la plaza de la libertad, coronada por la estatua que le da nombre, y los innumerables palacetes y edificios modernos y contemporáneos. En la plaza del ayuntamiento encontraréis algunos restaurantes en los que merece la pena sentarse a tomar algo o incluso para cenar o comer.

Recomiendo hacer noche en esta ciudad para continuar al día siguiente con nuestro camino de vuelta a casa.

Cerca de Potiers se encuentra la ciudad de Angoulême, a una hora y media de camino. Es conocida como la capital de comic y por ello lo mejor es caminar por sus calles descubriendo las diferentes fachadas que nos ofrecen una gran muestra de arte urbano. Pero no solo por ello merece la pena pasearla, sus calles adoquinadas, su catedral, el castillo y el resto de edificios que encontraremos en el casco antiguo merecen la pena ser contemplados. También recomiendo que visitéis el Mercado des Halles, rodeado de bares y restaurantes, y donde podéis encontrar exquisitos productos locales, incluídos buenos quesos.

Para comer os recomiendo sin duda Le St. André, situado en la calle St. André con unas maravillosas vistas a una de esas fachadas ilustradas, en pleno casco antiguo.

Nuestro viaje va acabando y nuestra última parada, no por ello menos importante, la haremos en Arcachon. Se trata de un municipio que da nombre a la bahía. El pueblo destaca por sus grandes y coloridas casas de veraneo y al tratarse de una zona costera tiene una gran afluencia turística. Os recomiendo que hagáis una última noche en esta localidad para poder disfrutar de su gran biodiversidad, sus playas y si sois amantes de la naturaleza de su variedad paisajística.

Arcachón también es conocido por ser zona de puertos ostrícolas. Uno de los que os recomiendo es Port Larros, para degustar las ostras de la zona. Allí encontraréis que todos los restaurantes tienen sus terrazas sobre el puerto y tenéis una gran variedad donde elegir. Los precios no varían mucho entre unos y otros. Mi recomendación es Le Routiotiou, donde tienen varias fórmulas para degustar las ostras que van desde los 9 a los 22€; el precio también varía según el tamaño que elijas de la ostra.

Para terminar, el último imprescindible de este viaje es una visita a la Duna de Pilat, a 10 kilómetros del pueblo y a la que se puede llegar facilmente siguiendo las indicaciones. Una vez allí tenéis parking donde los 30 primeros minutos son gratuitos y a partir de ellos son 4€ cuatro horas. Lo cierto es que con 30 minutos tan solo puedes subir -por las escaleras habilitadas y que recomiendo usar- y bajar. La duna está rodeada a un lado por árboles frondosos y al otro por el océano Atlántico. Impresiona y engaña a partes iguales ya que cuando comienzas a caminar por ella parece no tener fin, pero sin duda el esfuerzo merece la pena.

Sin duda una buena ruta para conocer parte de nuestro país vecino.

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